Mario Benedetti
miércoles, 18 de marzo de 2009
El buen ojo humano sabe escuchar
Tras la cerrada ovación que puso término a la sesión plenaria del congreso internacional de lingüística y afines, la hermosa taquígrafa recogió sus lápices y sus papeles y se dirigió a la salida abriéndose paso entre un centenar de lingüistas, filólogos, eniólogos, críticos estructuralistas y econstruccionalistas, todos los cuales siguieron su garboso desplazamiento con una admiración rayana en la glosemática. De pronto, las diversas acuñaciones cerebrales adquirieron vigencia fónica: ¡Qué sintagma, qué polisemia, qué significante, qué diacronía, qué centrar ceterorum, qué zungespitze, qué morfema! La hermosa taquígrafa desfiló impertérrita y adusta entre aquella selva de fonemas. Solo se la vio sonreír, halagada y tal vez, vulnerable, cuando el joven ordenanza, antes de abrirle la puerta, murmuró casi en su oído: ¡Cosita linda!
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1 comentario:
Que bella niña esa.
Se merece un sin fin de epítetos... pero como no soy bueno con las palabras le dejo un...
mmmmmmmmmm....
Saludos del campo
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