Qué importante es la música en la vida de las personas, cuán relevante es el sonido de los instrumentos cuando cuajan al unísono en una melodía agradable al oído, que sentido nos hacen a veces las letras de las canciones que escuchamos.
En los últimos años Chile se ha convertido en una estadía obligada para muchos músicos de fama mundial, latinoamericana y nacional. La apertura de nuevos espacios públicos (com Arena Santiago, Espacio Riesco y otros), así como la remodelación de otros espacios complementan la sed y deseo de cultura que hemos ido desarrollando los chilenos. Lo más probable es que los nacionales siempre hemos tenido ganas de ir a conciertos, museos, exposiciones y cuanta novedad cultural aterrice en la loza del aeropuerto internacional de Santiago, sin embargo, muchas veces nos detiene el factor dinero o transporte.
¿Quién no se ha beneficiado del dinero plástico para pagar una entrada en 3 cómodas cuotas?
Por lo mismo, pienso que para crear y aumentar esa necesidad recíproca que se genera entre el artista y el público es imperioso que los precios de los ticket no se disparen por las nubes y que los artistas vengan e incluyan en su repertorio las canciones que los han hecho famoso, más aún cuando cantan en otro idioma.
He sido testigo de conciertos de Los tr3s, Inti Illimani, Los Jaivas, Orishas, Ismael Serrano, Jorge Drexler, Dreamtheater, Café Tacuba, entre otros. También me he perdido, por distintas razones, otros muchos como Kevin Johansen, Snoop Dog y Menphys la Blusera.
Como espectador, felicito al público chileno (me incluyo, por cierto), ya que de los conciertos que me ha tocado presenciar -en la mayoría- el artista ha tenido que volver al escenario en una, dos, tres y hasta cuatro ocasiones. Ello deja un buen gusto al artista, sentir que lo aplauden y vitorean para que vuelva a hacer lo que más le gusta: cantar.
Ví a Ismael Serrano el viernes pasado en Arena Santiago. Reconozco que no soy un fans de él y su música y, a pesar de ello, disfruté al igual que muchos otros, del espectáculo que presentó, por ello, no paró de tocar durante más de tres horas...sorprendente.
También fui a ver a Café Tacuba y sinceramente son una banda de lujo. Es significativo para el público que sigue la carrera de un artista el estar escuchando su nuevo trabajo, pero es mucho mas importante la química y conexión entre el escenario y la gente, porque mal que mal, el artista se debe al público. Creo que la banda ha logrado comprender eso y como muestra, la última parte del show, se dedició sólo a "pedidos" del público...que genial!
Por esto y muchos otros argumentos que ustedes estarán pensando, deben incorporarse más artistas a la cartelera cultural santiaguina y regional. Ojalá comiencen a realizarce festivales de música donde se puedan aglutinar a músicos y al aire libre.
Por una cultura expansiva!!!
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