martes, 17 de abril de 2007

Recobrando a Pablo

Hoy, conversando con mi estimado amigo Rodrigo acerca de la poesía quedó dandome vueltas lo de Pablo, sí pablo Neruda. Aquel vate que ha, es y seguirá siendo un referente de la metáfora y de la sensibilidad hecha palabra.

He aquí uno, a mi juicio, de los más notables poemas de Pablo, dedicado a todos y a todas:

El Vino

Vino de primavera...Vino de Otoño, dadme
mis compañeros, una mesa en que caigan
hojas equinocciales, y el gran rio del mundo
que palidezca un poco moviendo su sonido
lejos de nuestros cantos.

Soy un buen compañero.

No entraste en esta casa para que te arrancara
un pedazo de ser. Tal vez cuando te vayas
te lleves algo mío, castañas, rosas o
una seguridad de raíces o naves
que quise compartir contigo, compañero.

Canta conmigo hasta que las copas
se derramen dejando púrpura desprendida
sobre la mesa.
Esa miel viene a tu boca
desde la tierra, desde sus oscuros racimos.

Cuántos me faltan, sombras del canto,
compañeros
que amé dando la frente, sacando de mi vida
la incomparable ciencia varonil que profeso,
la amistad, arboleda de rugosa ternura.

Dame la mano, encuéntrate comigo,
simple, no busques nada en mis palabras
sino la emanación de una planta desnuda.
Por qué me pides más que a un obrero? Ya sabes
que a golpes fui forjando mi enterrada herrerería,
y que no quiero hablar sino como es mi lengua.

Sal a buscar doctores si no te gusta el viento.

Nosotros cantaremos con el vino fragoso
de la tierra: golpearemos las copas del Otoño,
y la guitarra o el silencio irán trayendo
lineas de amor, lenguaje de rios que no existen,
estrofas adoradas que no tienen sentido

Pablo Neruda, Canto General, 1955

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