Hoy, conversando con mi estimado amigo Rodrigo acerca de la poesía quedó dandome vueltas lo de Pablo, sí pablo Neruda. Aquel vate que ha, es y seguirá siendo un referente de la metáfora y de la sensibilidad hecha palabra.
He aquí uno, a mi juicio, de los más notables poemas de Pablo, dedicado a todos y a todas:
El Vino
Vino de primavera...Vino de Otoño, dadme
mis compañeros, una mesa en que caigan
hojas equinocciales, y el gran rio del mundo
que palidezca un poco moviendo su sonido
lejos de nuestros cantos.
Soy un buen compañero.
No entraste en esta casa para que te arrancara
un pedazo de ser. Tal vez cuando te vayas
te lleves algo mío, castañas, rosas o
una seguridad de raíces o naves
que quise compartir contigo, compañero.
Canta conmigo hasta que las copas
se derramen dejando púrpura desprendida
sobre la mesa.
Esa miel viene a tu boca
desde la tierra, desde sus oscuros racimos.
Cuántos me faltan, sombras del canto,
compañeros
que amé dando la frente, sacando de mi vida
la incomparable ciencia varonil que profeso,
la amistad, arboleda de rugosa ternura.
Dame la mano, encuéntrate comigo,
simple, no busques nada en mis palabras
sino la emanación de una planta desnuda.
Por qué me pides más que a un obrero? Ya sabes
que a golpes fui forjando mi enterrada herrerería,
y que no quiero hablar sino como es mi lengua.
Sal a buscar doctores si no te gusta el viento.
Nosotros cantaremos con el vino fragoso
de la tierra: golpearemos las copas del Otoño,
y la guitarra o el silencio irán trayendo
lineas de amor, lenguaje de rios que no existen,
estrofas adoradas que no tienen sentido
Pablo Neruda, Canto General, 1955
martes, 17 de abril de 2007
Recuerdo de una micro amarilla...o varias?
Asumo que soy un usuario habitual del transporte urbano, que he tenido la fortuna de conocer distintos tipos de transportes en Chile y en otros países y a pesar del absoluto desorden que tenían las micros amarillas, del monopolio existente por un grupo de empresarios, de un servicio mal entregado y de las pésimas condiciones en que se encontraban los buses, quiero relatar mis historias y vivencias en muuuuchos años de andar en aquellos monstruos que hacían mover a la capital.
¿Cómo olvidar aquellas mañanas en la que muchos santiaguinos debían ir colgando y agarrándose de lo pudieran para llegar a su trabajo, incluso de "aquello"? ¿cómo no recordar la cantidad de comercio ambulante que movía cada rinoceronte pintado de amarillo? y acaso ¿dejamos a la postre las muchas historias que vivimos y tragedias que escuchamos mirando por la ventana?
Mi primer recuerdo o, más bien, apología es para los vendedores de helados. Aquellos sujetos vestidos con camisetas de clubes deportivos, "shores cortos" y zapatillas marca nike de 90 lucas que, con la típica pichanguera al viento caminaba por el pasillo del bus gritando: "piñashocoheladomustanshirimoyamanzanamooooraaaaa" mientras la gente intentaba esquivarlo, pues el hedor que expelía de aquel trabajador, luego de intensas jornadas de atletismo entre una micro y la otra, hacían que su cuerpo reflejara la cruel realidad del desodorante Avon de 500 pesos.
Cómo no dejar de mencionar a aquel ejecutivo ambulante, vestido con un traje que en la mayoría de las veces no se ajustaba a sus dimensiones o bien tenía más años que la historia misma y que, por lo general, ¡no encajaba con la corbata ni menos con los zapatos!
"Estimados pasajeros, por encargo de la distribuidora internacional vengo a ofrecerles este excelente producto, sí amigos, es un cepillo de dientes marca Colgate, sellado, absolutamente nuevo, el mismo que usted puede adquirir en el comercio establecido por la suma de 1000 o 1500 pesos. En esta oportunidad lo estamos ofreciendo en diversos medios de transporte la cantidad de 2 cepillos por 500 pesos" Ahí es cuando aparece la agilidad mental del chileno e instrospectivamente piensa ¿será robado o será realmente un excedente de colgate?. En fin, el vendedor cumple su objetivo de vender los productos con el objeto de llevar, tal como dicen los próximos sujetos, el sustento diario para el hogar.
Siempre hay alguien que compra en la micro, si basta ver las caras de las personas que miraban a aquellos limpia dientes marca colgate, ¿cuándo un chileno de escasos recursos tiene la oportunidad de comprar un cepillo colgate? y más encima en esta oportunidad de comprar 2 por 500 pesos!!! La sorpresa mayor se viene cuando el sujeto compra su flamante producto y a la mañana siguiente piensa que puede botar con toda tranquilidad aquel cepillo añejo, con tintes verdes, todo chascón y fiel. Le pone pasta al cepillo, se lava sus dientes ya sean verdaderos, falsos o los que le quedan y se fija que el cepillo ya no tiene la consistencia de antes de haber sido usado, ahí es cuando mira el papelero con nostalgia e imaginando con muy poca amabilidad a aquel ejecutivo ambulante.
¿Se subieron alguna vez ustedes a las micros que circulaban por Tobalaba? si no tuvieron la oportunidad, les contaré de un joven que sufre de elefantismo. Este sujeto es una persona a la que le falta el brazo derecho y lo que no tiene en el derecho lo tiene en el izquierdo porque vaya que es el brazo más grande que he visto en mi vida. Su enfermedad es trágica ya que no puede realizar ninguna actividad laboral, por lo que es parte de la masa de inactivos que tiene la sociedad y desgraciadamente vivía de las limosnas que la gente le daba.
Sin embargo, hay quienes se subían a los buses a contar enfermedades casi mortales y que si no les daban dinero cargarían en la conciencia con la muerte de aquel invidivuo. Esto me sucedió en la micro: un tipo que se sube a contar de su esquizofrenia y que necesitaba comprar pastillas para controlar los ataques, recuerdo que iba en la mejor parte y yo lagrimeando, con la nariz dilatada y mirando hacia la luz para que no cayera aquella gota delatora, cuando el tipo cae al pasillo y comienza a tener un "ataque"...yo le doy el Oscar o un Altazor criollo porque de verdad todos le creímos, si no es por una señora que dice en voz alta: "a ese hueón no hay que creerle, yo lo he visto hacer el mismo show todas estas veces -señalando con la mano- y dirigiéndose al "enfermo": "ya párate hueón si nadie te cree". El sujeto se queda un rato ahí y como nadie le creyó se vió en la obligación de tocar el timbre y bajarse en el próximo paradero para encontrar a sus nuevas víctimas.
La última historia que les voy a contar, esperando que puedan sumar sus historias, es sobre unos cantores que se subieron a la micro un día de domingo en la tarde. Ya no recuerdo que cantaban exactamente pero cuando terminaron de tocar su última canción comenzaron su dicurso sobre la música chilena, del apoyo al cantante popular y todo lo demás que ya sabemos. Pasaron su mano por las pocas personas que íbamos en el bus hasta que llegaron hasta la parte de adelante cuando vieron que nadie les dio dinero comenzaron a pasar lista por todas las personas presentes, incluido el chofer y su familia...ya no vale la pena recordar el grosor ni el calibre de los improperios que utilizaron.
salud mis comensales!
¿Cómo olvidar aquellas mañanas en la que muchos santiaguinos debían ir colgando y agarrándose de lo pudieran para llegar a su trabajo, incluso de "aquello"? ¿cómo no recordar la cantidad de comercio ambulante que movía cada rinoceronte pintado de amarillo? y acaso ¿dejamos a la postre las muchas historias que vivimos y tragedias que escuchamos mirando por la ventana?
Mi primer recuerdo o, más bien, apología es para los vendedores de helados. Aquellos sujetos vestidos con camisetas de clubes deportivos, "shores cortos" y zapatillas marca nike de 90 lucas que, con la típica pichanguera al viento caminaba por el pasillo del bus gritando: "piñashocoheladomustanshirimoyamanzanamooooraaaaa" mientras la gente intentaba esquivarlo, pues el hedor que expelía de aquel trabajador, luego de intensas jornadas de atletismo entre una micro y la otra, hacían que su cuerpo reflejara la cruel realidad del desodorante Avon de 500 pesos.
Cómo no dejar de mencionar a aquel ejecutivo ambulante, vestido con un traje que en la mayoría de las veces no se ajustaba a sus dimensiones o bien tenía más años que la historia misma y que, por lo general, ¡no encajaba con la corbata ni menos con los zapatos!
"Estimados pasajeros, por encargo de la distribuidora internacional vengo a ofrecerles este excelente producto, sí amigos, es un cepillo de dientes marca Colgate, sellado, absolutamente nuevo, el mismo que usted puede adquirir en el comercio establecido por la suma de 1000 o 1500 pesos. En esta oportunidad lo estamos ofreciendo en diversos medios de transporte la cantidad de 2 cepillos por 500 pesos" Ahí es cuando aparece la agilidad mental del chileno e instrospectivamente piensa ¿será robado o será realmente un excedente de colgate?. En fin, el vendedor cumple su objetivo de vender los productos con el objeto de llevar, tal como dicen los próximos sujetos, el sustento diario para el hogar.
Siempre hay alguien que compra en la micro, si basta ver las caras de las personas que miraban a aquellos limpia dientes marca colgate, ¿cuándo un chileno de escasos recursos tiene la oportunidad de comprar un cepillo colgate? y más encima en esta oportunidad de comprar 2 por 500 pesos!!! La sorpresa mayor se viene cuando el sujeto compra su flamante producto y a la mañana siguiente piensa que puede botar con toda tranquilidad aquel cepillo añejo, con tintes verdes, todo chascón y fiel. Le pone pasta al cepillo, se lava sus dientes ya sean verdaderos, falsos o los que le quedan y se fija que el cepillo ya no tiene la consistencia de antes de haber sido usado, ahí es cuando mira el papelero con nostalgia e imaginando con muy poca amabilidad a aquel ejecutivo ambulante.
¿Se subieron alguna vez ustedes a las micros que circulaban por Tobalaba? si no tuvieron la oportunidad, les contaré de un joven que sufre de elefantismo. Este sujeto es una persona a la que le falta el brazo derecho y lo que no tiene en el derecho lo tiene en el izquierdo porque vaya que es el brazo más grande que he visto en mi vida. Su enfermedad es trágica ya que no puede realizar ninguna actividad laboral, por lo que es parte de la masa de inactivos que tiene la sociedad y desgraciadamente vivía de las limosnas que la gente le daba.
Sin embargo, hay quienes se subían a los buses a contar enfermedades casi mortales y que si no les daban dinero cargarían en la conciencia con la muerte de aquel invidivuo. Esto me sucedió en la micro: un tipo que se sube a contar de su esquizofrenia y que necesitaba comprar pastillas para controlar los ataques, recuerdo que iba en la mejor parte y yo lagrimeando, con la nariz dilatada y mirando hacia la luz para que no cayera aquella gota delatora, cuando el tipo cae al pasillo y comienza a tener un "ataque"...yo le doy el Oscar o un Altazor criollo porque de verdad todos le creímos, si no es por una señora que dice en voz alta: "a ese hueón no hay que creerle, yo lo he visto hacer el mismo show todas estas veces -señalando con la mano- y dirigiéndose al "enfermo": "ya párate hueón si nadie te cree". El sujeto se queda un rato ahí y como nadie le creyó se vió en la obligación de tocar el timbre y bajarse en el próximo paradero para encontrar a sus nuevas víctimas.
La última historia que les voy a contar, esperando que puedan sumar sus historias, es sobre unos cantores que se subieron a la micro un día de domingo en la tarde. Ya no recuerdo que cantaban exactamente pero cuando terminaron de tocar su última canción comenzaron su dicurso sobre la música chilena, del apoyo al cantante popular y todo lo demás que ya sabemos. Pasaron su mano por las pocas personas que íbamos en el bus hasta que llegaron hasta la parte de adelante cuando vieron que nadie les dio dinero comenzaron a pasar lista por todas las personas presentes, incluido el chofer y su familia...ya no vale la pena recordar el grosor ni el calibre de los improperios que utilizaron.
salud mis comensales!
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